Susana Santolaria

Susana Santolaria es la creadora y directora de Act Teatro BilbaoEl teatro ha formado parte de mi vida desde siempre. En realidad, creo que forma parte de la vida de todas las personas. “El mundo es un teatro” dejó escrito Shakespeare en su comedia As you like, y Calderón incluso llamó El gran teatro del mundo a una de sus más célebres piezas. ¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación de que la vida es como un gran teatro, de ser en ella un comediante? Sin embargo, yo encontré en el teatro la mejor forma de comprender, de percibir y de disfrutar la realidad de la vida.

Y es que interpretar una pieza teatral, de canto o musical, sea propia o concebida por otra persona, requiere una gran dosis de verdad. Lo mismo ocurre con la escritura. Puede que encontrar esta verdad sea realmente lo que mueve a la persona a actuar, cantar, tocar, bailar, escribir. En el caso del teatro o la escritura, es una tarea difícil porque los elementos con los que trabajas son ficticios o están basados en una realidad transfigurada. Cuando empecé a ejercer estas dos carreras a la vez, mi búsqueda de la sinceridad, de la autenticidad creativa, tanto al actuar como al escribir, me obsesionó. Tuve la suerte de encontrar en mi camino algunos maestros que me contaron esos secretos que esconde todo oficio, que nos ayudan a desvelar nuestra creatividad y que son transmitidos generación tras generación.

Act Teatro Bilbao, un espacio dedicado a la enseñanza del Teatro y de la Oratoria en el centro de Bilbao.

Entre mis maestros, recuerdo con especial cariño a William Layton, a quien tuve la oportunidad de tener como profesor en su prestigioso Laboratorio de Madrid, en el número 14 de la calle Carretas. Su peculiar método de interpretación y de improvisación ha supuesto para mí un provechoso instrumento tanto en mi carrera actoral como en la dirección de espectáculos artísticos, y en la formación de actores y de oradores.

Willam Layton sentía un amor profundo por el teatro, tenía un gran sentido del humor y una energía incansable cuando trabajaba. Pero, además, poseía una técnica que me impresionó: era posible parecer natural actuando. ¡Ah!, pero aquello requería un gran esfuerzo, pretender que unos personajes parecieran personas suponía un gran trabajo del pensamiento, un conocimiento profundo de las emociones humanas y una capacidad extraordinaria para poder verlos con distancia, la distancia que necesita también el escritor para ser verdadero.

Los griegos llamaban aquello mirar hacia dentro, actuar de dentro a fuera. Y además, los griegos hablaban de otra cosa: la musa. Hay una predisposición divina por la que cada uno es capaz de hacer bien aquello hacia donde la musa le dirige. Todo lo que puede saberse de los orígenes del teatro occidental, de la escritura y de la inspiración, me lo contaría otro maestro entusiasta y gran conocedor del teatro griego, José Luis Navarro.

Tuve una profesora de verso entrañable y sabia en mi paso por la RESAD de Madrid, Josefina García Aráez, quien me enseñó la técnica de la recitación, del ritmo y la entonación del verso dramático. Tuve la suerte también de escuchar varias veces a Mario Benedetti recitar sus propios poemas en una pequeña sala del Círculo de Bellas Artes de Madrid: llegaba con un libro en la mano, se sentaba en una silla, mientras un grupo minúsculo de jóvenes nos sentábamos en el suelo. Nos leía sus poemas como si fuéramos sus nietos, con esa ingravidez suya que transforma en guasa la tristeza.

La declamación y la dramatización del verso se convirtieron en piezas esenciales de mi trabajo actoral porque reunían ambas cosas, inspiración y técnica. Son innumerables los recitales poéticos en los que he participado y que culminan en mi último trabajo como parte del proyecto del pianista y compositor neoyorquino Joshua Edelman, Manhattan Bilbao Jazz Zubia.

Susana Santolaria interpreta el poema Kfar Todra en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao, como parte del proyecto Manhattan Bilbao Jazz-Zubia de Joshua Edelman.

La capacidad de jugar con la voz, con sus diferentes matices y melodías es algo que también aprendí de un maestro experto en locución y doblaje, Claudio Rodríguez, quien me transmitió valiosas claves para “sonar creíble” y me empujó a trabajar poniendo la voz en series televisivas y de animación, una experiencia que me llevó a publicar en 2010 una colección de cuentos dramatizados en audio: “Los mejores cuentos para escuchar” (Habla con eñe, Madrid).

Pero todavía había de aprender algo más, cómo llegar al público, cómo mantenerlo atrapado a tu narración. Eso me lo ensañaría un griot venido de Mali, país con el que conservo un precioso va y ven de vivencias e intercambios culturales. Los griots son genuinos narradores, poseen un técnica ancestral.

A mediados de los 90 me mudé a vivir a Londres y tomé contacto con las compañías teatrales locales, que también habrían de enseñarme algo. Sobre todo, a mantener esa distancia, esa flema, esa sabia ironía, necesaria para separar los sentimientos y conflictos que tienen los personajes con los propios. Ese fue un aprendizaje esencial.

Hay por supuesto, muchos otros maestros. No tienen precio las charlas interminables con José Luis Sampedro en la Asociación de Escritores de Madrid, quien me transmitió, sin yo saberlo entonces, la pasión por la educación. Los directores escénicos Peter Brook y Robert Lepage, han sido y son para mí profundamente inspiradores.

Cuando empecé a trabajar como periodista, hacerlo como free-lance me permitió compaginar mi carrera actoral. Me especialicé sobre todo en reportajes culturales y entrevistas. He entrevistado a muchas personas de diferentes mundos y profesiones, lo que de una forma real me ha llevado a tener una amplia perspectiva del gran teatro del mundo y de los distintos papeles que jugamos en la vida.

La experiencia gratificante que ha supuesto para mí todo este recorrido multidisciplinar en el ámbito de la expresión oral y escrita, me impulsó a crear en 2011 el Gabinete de Oratoria & Comunicación Susana Santolaria, dedicado a la investigación y la elaboración de programas para desarrollar del arte de hablar en público en todos los niveles, desde la etapa escolar a los entornos laborales.

En 2014, ante la demanda de algunos jóvenes bilbaínos por mis clases de técnica actoral creé también el espacio ACT Teatro Bilbao, donde imparto clases de Teatro y Oratoria a niños, niñas, jóvenes y adultos. Formo parte, asimismo, del equipo de Jazz Cultural Theatre of Bilbao, donde tienen cabida todas las representaciones que realizamos con público, en las que participan alumnos de Teatro y de Oratoria, junto a músicos de jazz.

Act Teatro Bilbao, promoción de teatro juvenil, 2017-2018

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