LUCREZIA BORGIA O EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA ÓPERA

Abao-Olbe (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) inaugura su 65 Temporada con Lucrezia Borgia de Donizetti. La pieza, inspirada en el drama homónimo de Victor Hugo, se podrá ver en el Palacio Euskalduna los próximos días 22, 25, 28 y 31 de octubre con el patrocinio de Iberdrola.

Video presentación de “Lucrecia Borgia”

Casi siempre la ópera se ha nutrido de la historia, muchas veces para llevarla a un universo mítico de arquetipos que nos permiten observar nuestras más confusas pasiones desde el palco, y a través de las máscaras de los héroes contemplar con placer estético la representación dramática de la vida.

La Lucrezia de Donizetti con libreto de Felice Romani que les animamos a disfrutar discurre pareja a las circunstancias que rodearon la vida de la heroína que inspiró el personaje, Donna Lucrezia Borgia, miembro de una de las familias más influyentes del Renacimiento italiano.

Intrigas de poder, relaciones de conveniencia, cuestionamientos religiosos y morales, venenosas traiciones y el dolor de una madre por el hijo perdido son los hilos con los que se teje este argumento.

La recreación de la historia de Lucrezia Borgia es un tema idóneo para la ópera que siempre gustó de una visión trágica de la existencia. Así, en la obra conviven el éxtasis y la embriaguez dionisíacas con la estética y forma apolíneas para recrear por medio del arte dramático el sentimiento trágico de la vida, muy en sintonía con la visión de Nietzsche en su obra El origen de la tragedia.

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Musicalmente, Lucrezia Borgia es uno de los títulos belcantistas por autonomasia, donde tanto el texto como la música quedan subordinados a la voz. No es de sorprender que la Abao haya escogido para el papel de Donna Lucrezia Borgia a Elena Mosuc, considerada como una de las sopranos más versátiles y expresivas del momento:

“yo que he probado todas las coloraturas, para hacer esta Lucrecia me ha hecho falta usar toda mi experiencia; resolver la partitura no ha sido fácil”, asegura la soprano rumana. “Creo que más allá de una figura maléfica, la Lucrezia de Donizzeti es una mujer víctima de su tiempo por lo que la hace más interesante, me da la libertad de dotarla de una personalidad vocal especial; cada artista pone algo de su visión creativa a los personajes, yo he aportado la mía”, concluye la cantante.

El rol de Gennaro, el hijo secreto de Lucrecia, está en manos de uno de los tenores más solicitados por los principales teatros del mundo, Celso Albelo. Heredero del bel canto romántico más genuino y reconocido por su dominio técnico y la elegancia de su expresión, el tenor canario asegura que el momento más arduo musicalmente es el aria del segundo acto. Se siente satisfecho con su papel: “Gennaro –explica Celso– no ha resuelto muchas cosas en la relación con su madre, eso le provoca un estado constante de amargura. El personaje es de una homosexualidad exquisita con una base histórica que me permite una interpretación muy profunda”.

foto: E.Moreno Esquibel

foto: E.Moreno Esquibel

La química que se percibe entre ambos protagonistas es también exquisita, tal y como demostraron en Bilbao la pasada temporada conquistando al público con su interpretación de Elvira (Elena Mosuc) y Arturo (Celso Albelo) en la obra I puritani de Vincenzo Bellini. “He actuado en muchas ciudades del mundo y en Bilbao me encuentro como en casa, se respira una atmósfera muy profesional y se ve que el público sabe y ama la ópera, y además, aquí cuentan con una empresa que invierte en cultura –refiriéndose al patrocinio de Iberdrola–, eso es muy importante“, comenta Celso.

La versión que se verá en el Euskalduna incluye las dos arias con las que el autor completó la ópera original en sucesivas versiones: Madre, se ognor lontano y T’amo quals ama un angelo, que Donizetti escribió para el célebre tenor ruso Ivanov con motivo del retorno de la obra a La Scala en 1840. También se escuchará la cabaletta final Era desso il figlio mio, compuesta para el estreno en 1833 a petición de su actriz protagonista Henriette Méric-Lalande.

Completan el reparto: el bajo croata Marko Mimica como Don Alfonso D’este y la mezzosoprano italiana Teresa Iervolino en el papel de Maffio Orsini, ambos jóvenes han cautivado con sus voces al público europeo. Junto a ellos actúan los barítonos José Manuel Díaz como Apostolo Gazella y Zoltan Nagy en el rol de Ascanio Petrucci; los tenores Mikeldi Atxalandabaso y Manuel de Diego representan a Rustighello y Oloferno Vitellozzo, respectivamente; el bajo Fernando Latorre da vida a Gubetta Velverana, el barítono Germán Olvera, a Astolfo, y el tenor Jesús Álvarez, a Jeppo Liberotto.

La dirección escénica corre a cargo del musicólogo italiano Francesco Bellotto, especialista en la obra de Donizetti, y la parte musical la dirige el maestro José Miguel Pérez Sierra, quien se pone al frente de la Orquesta Sinfónica de Euskadi para ofrecernos una versión combinada de las de 1833 y 1840. La obra cuenta, además, con la colaboración del Coro de Ópera de Bilbao bajo la batuta de Boris Dujin.

foto: E.Moreno Esquibel

foto: E.Moreno Esquibel

Creo que tenemos un cast único –comenta el maestro José Miguel Pérez Sierra antes del estreno– porque el virtuosismo belcantista no es solo la capacidad de dar las notas o de tener una coloratura, el bel canto es expresividad, estilo. La calidad vocal, la calidad humana y la química que se ve en el escenario, detrás de todo el elenco, detrás de sus fraseos, incluso en los recitativos de todos los personajes, no sólo de los que protagonizan la obra, detrás de su canto no hay únicamente voces hermosas y excelentes profesionales de la música, hay personas extraordinariamente cultas con una preparación musical e intelectual que hace que todo lo que hagan tenga una enorme profundidad“, concluye Sierra.

Quienes se acerquen a ver esta Lucrezia Borgia, lo que verán también es un equipo técnico y humano reconocido en el mundo de la lírica, un elenco que acepta arduos retos musicales para poner en pie un espectáculo sublime, una empresa que patrocina cultura, una sociedad de amigos de la ópera, un público que disfruta, sabe y ama la ópera, y una historia, la nuestra, la de la humanidad.

GAZTEAM: TE GUSTA LA ÓPERA, PERO AÚN NO LO SABES
El esfuerzo que supone poner una ópera en pie, la cantidad de personas que se involucran en una producción de esta magnitud, obliga a llenar el teatro, no sólo de devotos clásicos de la lírica, también de nuevos públicos que aún no la conocen y tienen la oportunidad de disfrutar de una experiencia insólita.

La iniciativa Gazteam, puesta en marcha por Abao, quiere impulsar el acercamiento de nuevos públicos a la ópera. Para ello ha eliminando, entre otras, una de las barreras que las personas jóvenes encuentran para asistir a este tipo de representaciones: el precio.

Las personas interesadas sólo tienen que adquirir unas tarjetas con un coste de 10 euros, que permiten el acceso de la comunidad Gazteam a todas las funciones de ABAO a precios muy reducidos.

Se puede optar a dos modalidades de tarjeta: la T25 es para menores de 25 y con ella la entrada cuesta 25 euros; y la T30 es para jóvenes menores de 30 y su entrada cuesta 30 euros.

Las localidades se adquieren el mismo día de la función a partir de las 17.00 horas en las taquillas del Palacio Euskalduna.

Más información:
http://www.gazteamabao.com/

Asimismo, la Abao cuenta con la aplicación WikiOpps, que abre una nueva forma de comunicarse con el público.

 

LA LITERATURA, LA PINTURA, EL TEATRO NO HAN DEJADO DE MOSTRAR A LUCREZIA BORGIA COMO SÍMBOLO DE LUJURIA Y PERVERSIÓN, PERO ¿QUIÉN FUE LUCREZIA REALMENTE?

Bella, elegante e instruida, Lucrezia Borgia perteneció a una familia símbolo de depravación, aunque la historia no ha demostrado si verdaderamente fueron los Borgia autores de todos los actos que se les atribuyen.

El patriarca de los Borgia, de origen español nacido como Rodrigo de Borja, llegaría a alcanzar la sede papal con el cargo de Papa Alejandro VI, extendiendo un poder que llevaría a la familia a dominar en las postrimerías del siglo XV y hasta principios del XVI la capital de la Cristiandad.

En su obsesión por unificar el país bajo su influencia –Italia estaba dividida en Estados–, Alejandro inició su escalada a la cima urdiendo oportunas alianzas matrimoniales para su hija Lucrecia. Pero lo cierto es que la mayoría de historiadores coinciden en que la noble italiana sólo actuó como un peón al servicio de las ambiciones de su familia. Además de Lucrezia, Alejandro tuvo otros hijos ilegítimos, entre ellos Juan y César, por los que sentía devoción. De hecho, César participó activa y despiadadamente en la carrera de la familia hacia el poder absoluto, tanto que inspiraría a Maquiavelo en la creación de su obra El Principe.

Alejandro unió por primera vez a Lucrecia en matrimonio, cuando esta apenas había llegado a la adolescencia, con Giovanni Sforza, señor de Pésaro y miembro de una familia muy influyente. Pero al poco tiempo su padre decidió que el matrimonio ya no era necesario y debía ser anulado. El divorcio se llevó a cabo bajo la presunción de impotencia del marido, única posibilidad de disolver el matrimonio entonces.

El esposo humillado acusó a la familia de delitos que incluían una supuesta relación incestuosa del padre o el hermano con su hija Lucrezia. Aunque poco después por miedo a perder su feudo Giovanni se retracto y acabó confesando su impotencia, la acusación de incesto mancilló la reputación de los Borgia para siempre y contribuyo a debilitar su poder, que a finales del siglo XV se extendía imparable.

Ya entrado el siglo XVI la situación se volvería más precaria para la familia, por la reacción contra los excesos del Papa Alejandro y sus desenfrenadas ambiciones, y también por la extensión de la reforma de la Iglesia propiciada por Lutero.

EN CLAVE DE VENENO
Las intrigas y disputas entre los aliados y enemigos de los Borgia, los Sforza, los Orsini, los Farnesio y los pequeños Estados en los que estaba dividido el territorio de la actual Italia se unieron para expulsar a Alejandro VI del trono de San Pedro, argumentando que el Papa estaba corrompiendo la santidad de la Iglesia católica. El rumor del incesto iniciado por Giovanni Sforza animó a los enemigos de la familia, sobre todo a Francesco Guicciardini, a seguir con las acusaciones. Guicciardini aseguraba que la familia hacía uso de artes sofisticadas para mantener el poder, tales como el envenenamiento de sus oponentes.

Pero, ¿por qué fue Lucrezia a la que más se relacionó con el veneno?
El rumor decía que la hija de los Borgia había desarrollado una forma de llevar siempre consigo una dosis infalible de arsénico en un anillo. Al parecer, este guardaba en su interior una pequeña aguja secreta empapada del tóxico con la que podía mediante un simple pinchazo inyectar el veneno mortal.

Monstruo cruel, mira lo que puede hacer el amor
El segundo marido de Lucrezia fue Alfonso de Aragón. Hijo ilegítimo del Rey Alfonso II de de Nápoles y su amante Trogia Gazzela, Alfonso llegaría a ser duque de Bisceglie y príncipe de Salerno. Cuenta la historia que este fue el verdadero amor de Lucrecia. Sin embargo, su relación culminó con el asesinato de Alfonso cuando el matrimonio dejó de ser conveniente, no sin dejar antes una nutrida descendencia. Lucrecia aceptó el crimen como una dinámica más de la situación conflictiva que vivía la familia. El dolor de la joven queda recogido en el poema de Bárbara Torelli (1508), una de sus amigas más cercanas:

¿Por qué no he podido irme yo a la tumba contigo? ¿Calentaría mi fuego este gélido hielo y transformaría con lágrimas su ser en carne viva y de nuevo darte la alegría de la vida y luego podría audazmente, fervientemente, hacer frente al hombre que rompió nuestra unión y llorar: monstruo cruel, mira lo que puede hacer el amor?“.

Es difícil saber la participación de Lucrecia en las manipulaciones de su padre y de su hermano, los historiadores coinciden en que fue víctima de las ambiciones de su familia. Lucrezia Borgia aún volvería a casarse una tercera vez con con Alfonso d’Este, príncipe de Ferrara. En una carta escrita en 1519, su marido Alfonso D’Este se expresaba así:
…querida y dulce compañera… su conducta tan ejemplar y el tierno amor que existió entre nosotros, hizo que fuera así para mí.”

Susana Santolaria